El Cantil

Los que hemos pasado parte de nuestra juventud en un albergue tenemos un recuerdo maravilloso e indeleble de aquellas jornadas entre compañeros y monitores. Podían ser en primavera o en verano, en la nieve o en la playa, en la montaña o en una llanura eterna, pero la cuestión importante era la enorme camaradería que imperaba entre los chavales que iban a disfrutar de unas vacaciones distintas en comunión con la naturaleza.

Por eso si eres de los que disfrutó en su momento con la experiencia y ahora tienes hijos que se aburren soberanamente con todas y cada una de las cuestiones de la vida cotidiana, te vamos a dar un consejo: recurre a un directorio de empresas como el que hallarás visitando esta web o cualquier otra del ramo y consigue concertar una temporada de aventuras y diversión para tus vástagos. Está claro que el niño que prueba un albergue termina por admitir que está ante una opción saludable y excepcional para conocer gente y vivir en plena naturaleza.

Está claro que con la vida que llevan hoy en día nuestros chavales, sometidos a un estrés continuo y a una vida en la que apenas se deja tiempo al ocio y a la relajación, un albergue es el sitio definitivo e idóneo para que puedan esparcirse, para que puedan sentir el aire en la cara, para que no tengan que ver los libros de texto durante unos días, para que comprendan que además de en las redes sociales existen amistades duraderas y maravillosas, las cuales se pueden hacer interactuando con otras personas.

Somos de los que opinan que un recurso así influye de manera positiva en la educación de un niño. La revolución tecnológica nos ha situado delante de una pantalla de ordenador que controla, supervisa y en ocasiones incluso educa a nuestros hijos. Es obvio que no podemos desconectarnos de esta forma de afrontar el siglo XXI, pero un formateo una o dos veces al año es no solamente oportuno, sino también y sobre todo necesario.

Las personas que ahora mismo tenemos entre 30 y 40 años somos la última generación que ha jugado en la calle con los amigos. Y esa forma de ocio y de disfrute la recordamos con añoranza y la valoramos de forma positiva porque sabemos que nos forjó el carácter y nos permitió ser consecuentes con nosotros mismos. Hoy en día es imposible que la historia se repita, así que hemos de buscar alternativas para que nuestros retoños tomen el contacto con la naturaleza y con otros compañeros que están en su misma situación. Estamos seguros de que todo cambiará para tu hijo cuando regrese del albergue; de hecho, seguro que al año siguiente no tendrás que plantear la posibilidad de su regreso, ya que él mismo te lo pedirá. Afortunadamente las relaciones humanas siguen siendo hoy en día insustituibles.

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